Leandro González se hizo camino al andar y aún tiene hilo en el carretel.

El pigüense repasó su extensa y rica carrera, que va desde el Promocional liguista hasta el Mundial de Clubes. Hasta usó los botines de Lautaro Martínez y la camiseta de la selección argentina.

                   

Por Fabián O. Rodríguez / farodriguez@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

   A punto de cumplir 35 años y una carrera sustentada en base al esfuerzo y la dedicación, el pigüense Leandro González todavía tiene energías para seguir jugando en un buen nivel. En su regreso a Quilmes para jugar en la segunda división de nuestro fútbol, el atacante convertido en mediocampista hizo un repaso de su extensa trayectoria, con algunas situaciones que le quedarán marcadas a fuego.

   El futbolista formado en Club Sarmiento de Pigüé también piensa en seguir ligado a la actividad el día de mañana.

   –En tantos años de fútbol, tenés muchas historias por contar. Pero lo que vivieron en Quito con Atlético Tucumán en 2017 por la Copa Libertadores va a estar siempre presente. El día que jugaste con la 10 de la Selección.

   –Es verdad. Me tocó usar la camiseta de Barco (Ezequiel) y los botines de Lautaro (Martínez), que después se lo dije a él y a “Pelusa” (por Mario Martínez, el papá.

   –Mirá qué curiosidad.

   –Tal cual. Después nos enfrentamos y nos reíamos de esa situación. Eso sí, me quedaban un poco grandes los botines porque Lautaro es más patón, ja, ja.

   –Las vueltas del fútbol.  ¿No?

   –Increíble. Incluso, “Pelusa” (por Mario) me marcó en la Liga del Sur y esa noche tuve que jugar con los botines prestados de Lautaro.

   –Pero volvé a esa noche en Quito contra El Nacional, partido que dio la vuelta al mundo.

   –Fue una noche épica, donde nos pasó de todo y justo me tocó la 10 de la Selección Sub 20 porque en la lista de buena fe yo tenía ese número y había que respetarlo. Al principio íbamos a usar la tercer indumentaria del El Nacional, pero justo estaba el seleccionado argentino en Ecuador y el utilero nos dijo que usemos las camisetas. La Conmebol nos habilitó y pudimos jugar. La frutilla del postre de esa noche fue ganar, porque todo lo que nos pasó fue increíble. Estábamos mal dormidos, sin comer, desgastados por viajes largos, casi sin poder entrar en calor, sin tiempo para la charla técnica. Terminó el partido y nos fuimos a un hotel que conseguimos esa misma noche y al otro día nos levantamos destrozados, producto de todo eso y la altura. Fue todo increíble. Se suma que habíamos pasado de fase y era el primer partido del año de un equipo argentino. Queda como una linda anécdota. Y, de hecho, la altura terminó siendo una complicación mínima en comparación con todo lo que pasó.

   –La adrenalina fue más fuerte.

   –Tal cual. Reconozco que al principio nos pasaban como aviones. Íbamos buscando frenar un poco el partido y hacer tiempo para descansar porque sino era imposible. Por suerte, el árbitro uruguayo Cunha (Andrés) entendió muy bien la situación y nos dio alguna ventaja. Ya más asentados en lo físico, el partido se hizo mano a mano. Llegó el gol y defendimos con el corazón. Nos servía ganar nada más.

   –Recién hablaste del Promocional. Deben aflorar los recuerdos de tus primeros pasos en Olimpo.

   –Yo me fui de Chacarita libre y caí en Olimpo porque estaba cerca de mi ciudad (Pigüé) y la idea era jugar con la Reserva ese año. Pero hasta terminé jugando en categorías formativas de Liga del Sur porque me daba la edad y me dijeron que baje.

   –Fue en aquella final de 2004 contra Bella Vista en cuarta donde la rompiste.

   –Así es. Ganamos (5 a 2) con 4 goles míos. Fue raro porque los chicos habían jugado todo el toreo y me llamaron cuando ya estaba de vacaciones en Pigüé. Después de ese partido, Gregorio Pérez me dijo que iba a empezar a entrenar con un selectivo que se iba a armar para llegar a primera división. Después de eso, me llamaron para jugar unos amistosos por una lesión de “Cota” Álvarez (Mario) y me quedé siempre con el plantel.

   –Las vueltas de la vida.

   –Exacto porque estaba de vacaciones en Pigüé. Nos llamaron con el ‘Polaco’ (Martín Wagner) para jugar la final y después pasó lo que pasó.

   –Y empezaste a tomar impulso.

   –Tal cual. Por eso con Olimpo estoy agradecido de por vida. Me lanzó a este hermoso quilombo en el que me metí hace ya 15 años y cada día lo recuerdo más. Siempre que puedo hablar con los jugadores más chicos, donde me toque jugar, les comento que jugué en Olimpo, siempre con el promedio y el descenso como dificultad y nunca podíamos estar tranquilos. Un equipo chico para la A y un grande en la B. De mi parte, totalmente agradecido, además de darme una mano cuando Estudiantes no me iba a tener en cuenta y Perazzo (Walter) me dio un lugar.

   –Y en un abrir y cerrar de ojos, pasaste de jugar en la cancha de La Armonía al Mundial de Clubes en Abu Dabi contra el mejor Barcelona de todos los tiempos.Recibí los Newsletters de La Nueva sin costo

   –Ufff. Fue una experiencia única. Yo solamente los veía por televisión, pero caminar al lado de ellos por el túnel es algo que no te imaginas vivir nunca. Lo disfruté al máximo. Nos enfrentamos al mejor equipo de todos los tiempos y le faltaba ganar solamente ese título para conseguir el “sextete”. Nos empataron cuando faltaban dos minutos para ganarlo y después llegó el gol de pecho de Messi, pero la satisfacción de ser de los equipos que más fuerza le hicimos a los europeos después de Boca, fue grande. Sabella (Alejandro) empezó a trabajarlo desde que se ganó la Copa Libertadores, varios meses antes, aunque había un partido previo por pasar contra los coreanos.

   –En silencio, te ganaste un lugar en ese equipazo de Estudiantes.

   –En esos meses, los que veníamos teniendo pocos minutos empezamos a rodar un poco más en el torneo local y fue donde aproveché y le demostré a Sabella que podía estar en la lista del Mundial de Clubes. Cuando me citó fue una alegría tremenda y enseguida se me vinieron los recuerdos de cuando uno se levantaba a las 7 de la mañana a ver los partidos de Boca cuando era chico. Fue un sueño cumplido.

   –Y, enfrente, ese Barcelona lleno de estrellas, con un fútbol total.

   –Siempre digo que era el Barcelona verdadero. Es algo único que todavía me sigue emocionando. Recuerdo desde cuando empezamos a caminar por el túnel y miraba para al costado que estaba Ibrahimovic (Zlatan), que te saludaba o te miraba, lo mismo con Henry (Thierry) que estaba atrás, hasta cuando sonó el himno FIFA  y el argentino. Fue en ese momento cuando uno se acuerda de todo lo que la peleó y lo que costó llegar.

   –¿Tus mejores momentos fueron en Estudiantes y Atlético Tucumán?

   –Estudiantes me dio la posibilidad de mostrarme y jugar la Copa Libertadores, con continuidad. Llegué a un club con otra realidad y estaba obligado a jugar en un buen nivel con un plantel que tenía jugadores como Verón, Boselli, Desábato y muchas figuras más. Me dieron la posibilidad de acoplarme bien al grupo y nutrirme de su profesionalismo. Fue una etapa de mucho crecimiento. Después, en Tucumán, creo que fue la etapa de maduración, con muchos partidos jugados, un ascenso, la clasificación histórica a la Copa Libertades y muchos buenos momentos.

   –Por si te faltaba algo, jugaste en Chipre.

   –Estuve un tiempo muy corto, pero fueron los mejores seis meses de mi vida. Chipre es una isla espectacular. Ellos me estaban siguiendo en Atlético Tucumán y un día me llamaron por Skype para decirme que estaba en sus planes y al otro día estaba firmando el contrato desde el teléfono acostado en mi cama. Yo terminaba el 30 de junio y el 4 de julio tenía que estar allá, así que en tres días hice una mudanza de Tucumán a La Plata y de La Plata a Chipre. Buscaban armar un equipo competitivo para jugar la Pre-Champions y llevaron jugadores que estaban muy bien en Europa, pero nos quedamos a mitad de camino. Eso llevó a que las empresas que ponían la plata dejen de pagar y en diciembre los dijeron que ya no había más plata, sumado a que nos debían dos meses y medio. Decidí pegar la vuelta, pero el fútbol que juegan es muy lindo y una liga interesante, además de un lugar cómodo para vivir. Quedó como cuenta pendiente.

El paso por Racing y la actualidad en el cervecero

   A Leandro González todo le vino muy de golpe. Después del descenso con Olimpo a la B Nacional, le llegó la posibilidad de jugar en un grande: Racing.

   “Éramos dos gauchos llegando a un grande, ja, ja (por su arribo junto a Martín Wagner).  Racing estaba muy complicado. Le había ganado la Promoción a Belgrano y el quilombo institucional era grande; ni ropa había. Teníamos 21 años, con muy poca experiencia y pasamos de salir en un cachito de Olé a salir en tres hojas, con repercusión y ser reconocidos por la calle. Muchas situaciones que uno después se da cuenta y entiende. Fue una etapa linda, a pesar de todo”, contó el papá de Isabella.

   Ahora ya se está preparando para volver con todo en Quilmes, club al que volvió tras su paso por Temperley.

   –De Chipre te venís a Quilmes. ¿Por qué no a un club de Primera?

   –Volví con todo preparado para volver a firmar con Tucumán, pero me fueron pateando hasta que cerró el libro de pases de Primera, después de haber dejado algunas ofertas que tenía. Pero me encontré con que el libro de pases de Nacional B cerraba una semana más tarde y justo Mario Sciacqua me llamó y le comenté que estaba sin club, entonces me invitó a entrenar con el plantel. A las dos horas me llamó para decirme que se liberó un cupo por jugador lesionado. Desde el club no querían saber nada con un nuevo contrato en esa fecha, pero les dije que me sumaba ‘por el pancho y la coca’ y nos dábamos una mano. En nueve partidos hice cinco goles y nos salvamos del descenso, donde bajaban seis equipos y habíamos estado últimos. Quedó una buena relación y me dijeron de renovar, a lo que respondí que no y me fui a Temperley.

   –Sin embargo, regresaste.

   –Sí, porque asumió Diego Colotto como manager. Además, uno piensa en la familia y no quería cortarle la vida a ellos, con la escuela, los amigos y las actividades. Por eso, volví a Quilmes y pudimos terminar bien hasta la pandemia porque nos acomodamos y llegamos a un acuerdo con los dirigentes.

   –La última. ¿Te ves en un cuerpo técnico después del retiro?

   –Estoy haciendo el curso de DT. La verdad que sí, me gustaría seguir ligado al fútbol después del retiro y poder transmitir todo lo que aprendí durante mi carrera. Por ahora sigo disfrutando de esto, con una edad donde me siento bien físicamente e importante desde un rol de guía para los jóvenes. Parece que fue ayer cuando entrenaba con Primera y Laspada (Mauro) me sacó la puerta de la habitación y me peló, en el hotel de Viamonte.

Sus números

   –35. Son los años que el delantero pigüense cumplirá el 14 de octubre.

   –10. Las camisetas que vistió en el fútbol rentado. Pasó por Olimpo, Racing, Estudiantes de La Plata, Colón, San Martín de San Juan, Defensa y Justicia, Atlético Tucumán, Omonia Nicosia (Chipre), Quilmes y Temperley.

La “compu” de “Cocho”

Fuente: La Nueva.

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